Thursday, November 5, 2009

VERANO 2009 (6ª parte): vacaciones en familia, del 21 de agosto

Lo ocurrido en la playa me provocó muchas sensaciones extrañas y nuevas. Los últimos días de las vacaciones en familia prometían ser mucho menos excitantes en cuanto a emociones de lo que había tenido hasta ese momento.

*Parque acuático

A mi hijo le encanta ir al parque acuático. No le llevamos mucho, porque hay que estar vigilante con él y es agotador, pero cuando sucede es toda una fiesta. Este verano se portó de maravilla, de manera que los últimos días de vacaciones familiares quería que fueran especiales. Por eso le prometí llevarle al parque acuático, y organizamos un pequeño día allí para toda la familia el viernes.

Para ese día en familia escogí el bikini blanco, que es de braguita brasileña por debajo, y es algo más tapado que el tanga, aunque por arriba es bastante exuberante con el corte de triángulos. A mi suegro, que vino con nosotros, le encantó la elección, a juzgar por las miradas de soslayo que me dedicaba cada cierto tiempo.

Entre todos los placeres acuáticos y atracciones del parque, la favorita de mi hijo es una que simula el descenso de un río de aguas bravas: una sucesión de tanques, unidos entre si por tubos descubiertos con aguas turbulentas, que se bajan de uno en otro sobre una colchoneta inflable, como si fueran los rápidos. Para él es el colmo de la aventura, a pesar de que debe usarla con supervisión de un adulto, porque bajar por los toboganes con el agua en cascada tiene un cierto peligro (la colchoneta se suele volcar en las paradas y la mayoría de los que la usan son mucho mayores).

Esa atracción me desagrada tanto como a él le gusta, porque en hora punta está muy llena de gente, y en cada tanque se forma un amontonamiento agobiante. Pero como es su favorita, me toca ejercer de madre estupenda y llevarlo río abajo, a pesar del sol de justicia y el calor agobiante de la sobremesa. Escogimos una colchoneta grande y con asas, para que yo pueda sujetarla. Yo, como la mayoría, bajo la atracción sin flotador, para poder sostener la de mi hijo cuando es necesario, pero a los niños les gusta tener su gran colchoneta.

Subimos una multitud de escaleras cargando con el flotador en forma de donut gigante, porque para poder descender por la atracción, lógicamente, hay que empezar muy arriba. En las escaleras, justo detrás de mi, subían tres chicos de unos 20 años cargando sus flotadores. Ya en las escaleras noté que se echaban miradas entre ellos comentando mi bikini, y soltaban algún soplido de aprobación a mi cuerpo. No decían nada entre ellos porque estaba Lucas delante, y eso me gustó: es evidente que a una mujer que lleva un bikini blanco como el mío le gusta que la miren. Yo lo llevo porque a mi me gusta. Pero ello no significa que los que me miran deban ser maleducados o molestar a mi hijo. Estos chicos me miraban, podía notar sus ojos resbalando por mis nalgas y muslos suavemente. Pero se mantenían en silencio, sin molestar. Y eso es especialmente morboso. No pude evitar recordar lo ocurrido en la playa el día anterior.

Llegamos al principio de la atracción y empezamos a bajar. Primer tobogán, primer contacto con el agua refrescante, y primer chapuzón al llegar al primer tanque, donde había ya un par de personas con sus flotadores, y apenas había espacio. Con tanta gente era algo agobiante y peligroso lanzarse, así que le expliqué a Lucas que íbamos a esperar siempre a que el siguiente tanque estuviera totalmente vacío para seguir lanzarnos por el tobogán de forma segura.

Como estábamos en el tanque esperando, provocamos algo de embotellamiento. Los chicos que habían subido mirándome el culo se lanzaron hacia nuestro tanque. El primero cayó con espacio libre. Pero al segundo se le enganchó la colchoneta en el bordillo del tobogán y se le volteó, viniendo a parar contra mí. Aunque no fue un choque fuerte, al ser piel con piel, yo en bikini y él en bañador, sintió pudor y me pidió disculpas. Yo sonreí levemente para aceptarlas, pues en esta atracción son normales los choques.

El siguiente tanque se vació y nos lanzamos hacia él. Al bajar por el tobogán sin flotador, se me metía la braguita entre las nalgas. Llegué al tanque y me la quité. Como el agua de los tanques apenas me daba por la mitad del muslo, los chicos desde el tanque de arriba me vieron sacándome de entre las nalgas la braguita, y uno de ellos silbó. Tardaron poco en bajar hasta nuestro tanque, y me di cuenta de que se les había ocurrido la estupenda idea de bajar con nosotros toda la atracción.

Un niño y cuatro adultos (los tres chicos y yo), con cuatro flotadores-donut en total, está al borde de la capacidad de esos tanques. Cuando el último chico llegó a nuestro tanque, estábamos realmente apretados. No mi hijo, que estaba sentado en su flotador, ya preparado en el tobogán, pero yo estaba apretujada contra el cuerpo de los chicos. Y esa era exactamente la intención de ellos. Notaba el roce de sus piernas con las mías, sus torsos húmedos rozando mis brazos. Empecé a sentirme un poco acosada, pero en seguida bajamos al tercer tanque.

Bajó mi hijo, yo detrás sin colchoneta, y en seguida bajaron los chicos. Ya apenas tardaban nada: venían justo detrás de mí. Otra vez mis nalgas quedaron al aire porque la presión había corrido la tela del bikini. Me lo coloqué, teniendo a los chicos justo detrás de mi espalda. Yo disimulaba, conversaba con Lucas fingiendo que no me enteraba de que los chicos estaban allí, comiéndome con la mirada y buscando el mayor roce posible. Ellos estaban nerviosos, apenas hablaban, pero reían mucho de chistes silenciosos que yo no escuchaba. Podía notar como intercambiaban miradas cómplices hacia mi cuerpo, y eso me provocaba sensaciones extrañas.

Un tanque más abajo, seguíamos apretados y ellos trataban de rozarse conmigo todo cuanto era posible sin parecer sospechoso. En un momento, cuando puse a Lucas en el tobogán preparado para bajar el siguiente tramo, noté un pequeño tirón en el nudo trasero de mi sujetador. Al momento me di cuenta de que alguno de los chicos había cogido sutilmente el cabo y bromeaba en silencio con los otros dos sobre el deseo que tenía de tirar de mi bikini y dejarme con los pechos al aire. Yo fingí no enterarme, y no fue a más.

En el siguiente tanque se repitió la situación, pero cuando bajamos hasta el último, la cosa cambió. El flotador de mi hijo se atascó un poco al final del tubo, que por algún motivo era más estrecho de lo normal: Yo lo desatasqué con mis pies y, al levantarme, el chico que venía bajando justo detrás de mí trató de frenar para no arrollarme. Se cayó de su flotador y vino de cabeza hacia donde yo estaba. Tropezamos y nos enredamos. Nos habíamos hecho un lío, y sus manos, casualmente, se “fueron” a mis nalgas. Me pidió perdón, pero no desperdició la ocasión al ponernos de pie de tocarme las nalgas un par de veces antes de desenredarse. Siguiendo su mirada me di cuenta de que, con el revuelco, tenía mi pezón izquierdo asomando fuera del bikini. Me lo coloqué, tranquilamente, y salí de la piscina, con Lucas de la mano.

Cuando volvía andando hacia donde estaba mi marido y mi suegro todavía me encontraba excitada. Era la segunda vez en dos días que alguien se excedía conmigo estando mi hijo presente, aunque en esta segunda ocasión ya no fueron sólo miradas y palabras, sino algo más físico. Debo confesar que en ambas sentí una excitación que no había sentido antes. Una turbación extraña, y la sensación de ser demasiado atrevida. Pero me gustaba.

Probablemente lo ha provocado mi nueva actitud.

Ya es oficial: soy una “madre sexy”.

*Post Data

Esta entrada del blog, y las siguientes sobre el Verano de 2009 tendrían que haber sido publicadas a finales de septiembre y principios de octubre.

A finales de septiembre tuve una experiencia que me hizo plantearme seriamente dejar aparcado el blog, a pesar de las ganas renovadas con las que volví tras el verano. En octubre sólo publiqué un Test que ya estaba programado hace dos meses.

 Ahora eso ya está superado, y aquí estoy para dar más guerra que nunca.

A pesar de que ahora estamos en noviembre, y resulta extraño hablar del verano, he querido colgar los textos atrasados igualmente, para todos los que me leéis.

Porque son importantes, y no quería que os los perdiéseis.

Un beso, Julia

ad.ultera@ymail.com

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